10 (+ 1) autores esquivos o cuando el escritor desea que lo lean pero no que lo vean

10 autores esquivos o cuando el escritor desea que lo lean pero no que lo vean
El hijo del hombre, René Magritte

No hay un solo autor en el mundo que no aspire a vivir de su obra, de sus libros. Cuantas más apariciones hacen en público y más medios de comunicación frecuentan, más conocidos son, y más libros venden. Los hay que incluso, de vez en cuando, tratan de provocar alguna polémica con sus opiniones y comentarios. El objetivo no es otro que el de hacer que el márquetin (gratuito) y la publicidad (buena o mala) hagan su labor y lo ayuden a vender más libros.

Pero, ¿qué ocurre cuando el escritor demuestra tal aversión a los medios de comunicación y a la fama que se niega a  dar a conocer detalles de su vida privada? ¿Cómo seguir los pasos de un autor “invisible” que se muestra  esquivo hasta el punto de que su vida privada llega a despertar más expectación, incluso, que su obra?

A continuación, un listado de algunos escritores muy celosos de su vida privada e intimidad.

1. J.D. Salinger. A este escritor nacido en Nueva York y que incluso muchos consideran exagerado su éxito por el libro El guardián entre el centeno no le gustaba salir en la prensa ni en la televisión. Su hija Margaret escribió sus memorias donde dio a conocer algunos hábitos bastante desagradables del autor -como beberse su propia orina- que calificó como una persona despótica, misántropa y que no perdonaba ningún error.

2.  Graham Greene. El autor británico conocido por su libro El poder y la gloria fue también guionista de películas de éxito, pero en cambio no gustaba de darse a conocer mediante entrevistas o artículos sobre su persona. Tal vez se deba a su trabajo como espía en plena Segunda Guerra Mundial.

3. William Faulkner. Cuando publicó El ruido y la furia poco podía imaginar que este libro y el conjunto de su obra recibiría el premio Nobel tan tarde. El reconocimiento le pilló mayor pero no desprevenido porque Faulkner ocultó a su propia hija que le concedieron este galardón porque consideró exagerada y no del todo sincera la buena crítica que los medios de comunicación hicieron pública a raíz de ello.

4. Cormac McCarthy. El autor de La carretera tiene la deferencia -a excepción de muchos de los escritores de este listado- de conceder una entrevista a la prensa… cada diez años.

5. Juan Rulfo. Este escritor mexicano que publicó Pedro Páramo en el año 1953 y dos años más tarde El llano en llamas confesó el terror que le producían las multitudes y por ello evitó toda aparición pública.

6. Vladimir Nabokov. El autor de Lolita sí que concedía entrevistas a la prensa escrita, pero solamente si se respetaban estos tres requisitos: tenían que enviarle las preguntas por escrito, él las respondería también por escrito y debían publicarlas al pie de la letra sin omitir ni modificar ni una coma.

7. Thomas Pynchon es un escritor norteamericano que destaca por su escritura laberíntica y un tanto compleja. No se conoce su aspecto actual porque a lo más que han llegado periodistas es a conseguir fotografías del autor en su época de estudiante y cuando fue reclutado en la marina. Su rechazo a la vida pública es tal que cuando gana un premio literario envía a otra persona en su lugar a recoger el galardón. Ha publicado en español: El arco iris de la gravedad La subasta del lote 49.

8. Ernest Hemingway. El autor de París era una fiesta y Por quién doblan las campanas, entre muchos otros odiaba hablar en público y solamente habló tres veces. Aunque además de la escritura consideraba el periodismo una profesión y una vocación no se mostraba demasiado dispuesto a dar entrevistas ni hacer declaraciones a la prensa.

9. David Foster Wallace. Autor norteamericano de La broma infinita de más de mil páginas y considerada una novela de culto ambientada en el futuro y con profundas reflexiones sobre la filosofía y el arte. Foster no solía dar entrevistas, aunque se mostró muy orgulloso de dar clases en la Universidad de Boston hasta que se suicidó en 2008 por la depresión crónica que padecía.

1o. George Simenon. De este escritor belga creador de las novelas del inspector Maigret se ha dicho que lo logró todo en su vida. No solía mantener buenas relaciones con la prensa que incluso no llevó a cabo su última voluntad de no dar a conocer su muerte hasta después de ser incinerado para que a la ceremonia asistieran un mínimo de personas. Sus cenizas se depositaron en la misma tumba donde reposan los restos de su hija Marie-Jo que se suicidó. El libro Cartas a mi madre, supone una declaración de intenciones de toda la obra de este escritor.

Para terminar, indicar que quizás no se trate de una actitud prepotente o antipática. Es posible que la clave de su comportamiento se encuentre en que en ocasiones sus declaraciones dan pie a interpretaciones equivocadas que pueden dañar su imagen. Ya lo decía Susan Sontag:

Un escritor no debe ser una máquina de opiniones. […]  La primera tarea de un escritor no es tener opiniones, sino decir la verdad… Y negarse a ser cómplice de mentiras e información errónea. La literatura es la casa del matiz y de la indocilidad a las voces de la simplificación.

APORTACIONES DE LOS LECTORES

11. Elena Ferrante es una supuesta escritora italiana de la que nadie parece saber nada. Algunos la ubican en Nápoles, otros dicen que en realidad se trata de una judía polaca que se dedica a la traducción literaria e incluso hay quien se atreve a ir más allá al afirmar que detrás de este seudónimo femenino se esconde un escritor de éxito. Lo que sí es cierto es que la persona que firma la maravillosa tetralogía de Las dos amigas , La amiga estupenda (1) y  La niña perdida (4)que se dio a conocer en 1992 con Los días del abandono, no ha concedido entrevista alguna y no se ha difundido su imagen -ni siquiera recoge los premios en persona- a pesar de ser superventas dentro y fuera de Italia.

Valencia, 3 ene. (Àngels S. Amorós, Quelibroleo)

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