BONDAD
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Nota media 9,50 Excelente 2 votos 2 críticas

Resumen

España, 1984. Bondad no es un programa más de cámara oculta. En él, las buenas personas no se limitan a ayudar al prójimo a cruzar la calle: se implican hasta las últimas consecuencias. La telerrealidad aún no existe, pero Bondad anticipa sus reglas: la convivencia como laboratorio y el juicio de una mirada invisible. En ese marco, Teresa, ignorando que está siendo grabada, acoge en su casa a Alejandro, un delincuente arrepentido que la pone constantemente en peligro. Si quiere ganarse el favor de la audiencia, deberá oponer empatía y perdón al egoísmo y al miedo. La bondad como resistencia, la piedad como espectáculo. Pero ocurre algo inesperado: será Alejandro, no Teresa, quien termine enjuiciado. El radical candor de Teresa y su fe en el prójimo lo obligarán a cuestionar su forma de mirar el mundo, hasta verse arrastrado por el deseo más revolucionario de todos: convertirse en una persona mejor. Novela luminosa y desgarradora, este thriller psicológico explora la culpa, la redención y la fuerza transformadora de la bondad en una sociedad en la que todo está a punto de ser exhibido. El apartamento de Teresa, donde realidad y ficción se confunden, es metáfora y advertencia: Internet, a punto de irrumpir, será una gigantesca cámara oculta que nos vigilará sin descanso.

2 Críticas de los lectores

Parecer una buena persona es fácil cuando sabemos que nos están mirando, pero en la intimidad las cosas son distintas.

Paloma Ruiz del Portal, galardonada con numerosos premios por sus relatos, debuta en la novela con Bondad, un título tan sugerente como su portada, que evoca inevitablemente la obra de René Magritte. Lo que no imaginaba al comenzar su lectura es que me encontraría con una obra tan potente, incómoda e innovadora.

La premisa es tan atractiva como inquietante: un programa de telerrealidad con cámaras ocultas que pretende poner a prueba la bondad humana. Teresa, aparentemente una persona buena, será el objeto del experimento. Alejandro, por su parte, se hará pasar por un delincuente arrepentido que necesita ayuda, en una escalada de tensión que pronto traspasará límites peligrosos. No conviene desvelar más del argumento, porque uno de los grandes aciertos de la novela reside en sus constantes vueltas de tuerca, que mantienen al lector en vilo hasta el final.

Uno de los mayores logros del libro es la profundidad psicológica de sus personajes: Teresa, Alejandro, Marcelo, el visionario Javier o incluso la madre que impulsa el experimento. Todos ellos construyen una realidad poliédrica donde nada es exactamente lo que parece. La novela se convierte así en un auténtico laboratorio moral en el que se plantean preguntas incómodas: ¿es la ética sacrificable en nombre de la audiencia?, ¿puede existir la bondad desinteresada?, ¿son reales los “limpios de corazón”?

El texto explora con acierto múltiples capas narrativas: la historia dentro de la historia, con flashbacks que revelan el pasado de Marcelo —marcado por el resentimiento y la culpa— o las reuniones previas entre él y Alejandro, donde se dibuja una tensión constante entre los límites morales y el afán de espectáculo. Todo ello refuerza uno de los temas centrales de la obra: la dualidad. Nadie es completamente bueno ni completamente malo, y esa escala de grises atraviesa toda la novela.

Especialmente interesante resulta la evolución de Alejandro, un personaje que parte de una visión simplista —confundir bondad con ingenuidad— y que, poco a poco, se ve obligado a enfrentarse a su propia falta de empatía. Su lucha interna, entre la ambición y la compasión, es uno de los motores más poderosos del relato. Frente a él, Teresa se revela como un personaje mucho más complejo de lo que aparenta, encarnando también esa dualidad que impregna toda la obra.

Sin desvelar en exceso, sí puede decirse que la novela juega magistralmente con las expectativas del lector, cuestionando constantemente quién observa a quién y quién es realmente el objeto del experimento. En este sentido, resuenan con fuerza los ecos de 1984 de George Orwell, tanto en su reflexión sobre la vigilancia como en la manipulación de la realidad y de las conciencias.

El personaje de Javier, situado en ese contexto casi profético, aporta una dimensión especialmente inquietante al anticipar un mundo donde seremos observados constantemente, donde la intimidad desaparecerá y donde la pantalla se convertirá en una nueva forma de religión y control. Una visión que, leída hoy, resulta escalofriantemente vigente.

A lo largo sus doscientas páginas —con un último tramo absolutamente brillante— la autora consigue no solo mantener la tensión propia de un thriller psicológico, sino también invitar a una profunda reflexión sobre temas como la manipulación, la culpa, la responsabilidad, la redención o la difusa frontera entre lo público y lo privado, entre la verdad y la mentira.

Pero, por encima de todo, Bondad es una novela sobre el poder transformador —y profundamente incómodo— de la bondad. Una bondad que no es simple ni ingenua, sino compleja, contradictoria y, en ocasiones, dolorosa.

He disfrutado muchísimo de esta lectura. Me ha resultado absorbente, provocadora y muy inteligente. Sin duda, recomiendo Bondad a cualquier lector que busque una novela distinta, que no solo entretenga, sino que también sacuda y haga pensar. (Inma Muñoz, 14 de abril de 2026)

hace 2 días

Leí una buena reseña en Instagram y me animé a comprar esta novela, sobre todo por el argumento, tan original. Y me ha gustado muchísimo, superando mis expectativas. Me ha hecho pensar, me ha enganchado y me ha emocionado. La recomiendo al 100%

hace 1 día