Tras el impacto de Un instante, el donostiarra Asier Olaizola Bermejo regresa con (In)esperado, una segunda novela que no solo retoma la historia de sus protagonistas, sino que se adentra con mayor profundidad en sus grietas emocionales. Si la primera obra hablaba de cómo la vida puede quebrarse en cuestión de segundos, esta explora qué ocurre después, cuando el ruido se apaga y solo quedan las consecuencias.
Ha pasado un año desde los acontecimientos narrados anteriormente. Sara ha alcanzado por fin el papel protagonista que tanto deseaba; Carlos intenta recomponerse tras el abrupto frenazo de su carrera, consecuencia directa de haber hecho pública su bisexualidad; y James lidia con un trastorno de estrés postraumático derivado de su secuestro en Venezuela. El reencuentro tendrá lugar, esta vez, en el marco del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, pero el glamour volverá a ser solo una fachada: lejos de los focos, nuevas amenazas acechan y pondrán sus vidas al límite.
Aunque la novela puede leerse de forma independiente, resulta muy recomendable haber leído Un instante para comprender en toda su dimensión las decisiones, miedos y motivaciones de los personajes. Porque si algo hace Olaizola en esta segunda entrega es complejizarlos: los muestra más vulnerables, más humanos, más llenos de aristas.
La estructura —85 capítulos muy breves, de apenas dos o tres páginas— potencia una lectura vertiginosa. Abundan los diálogos ágiles y realistas, y la acción avanza con un marcado pulso cinematográfico. La narración es visual, dinámica, casi secuencial, como si cada escena estuviera pensada para ser proyectada en pantalla. Sin embargo, bajo ese ritmo trepidante late una carga emocional más intensa que en la novela anterior.
Hay también un evidente homenaje a San Sebastián y a Madrid, ciudades que el autor retrata con detalle y afecto a través de Carlos, donostiarra de nacimiento y madrileño de adopción antes de volar a Hollywood. Es difícil no intuir cierta huella autobiográfica en esa mirada que mezcla pertenencia, distancia y memoria.
Pero (In)esperado no es solo una historia de reencuentros y peligros. Es, sobre todo, una novela comprometida. A través de la trama, el autor denuncia la deriva ética del periodismo actual, la explotación del dolor ajeno en busca de clics, la impunidad del odio en redes sociales y la presión —especialmente sobre las actrices— de una industria audiovisual que exige juventud eterna a golpe de bisturí. Señala también los abusos de poder silenciados, la persecución hacia las personas LGTBIQ+, la existencia de terapias de conversión y la pasividad social ante distintas formas de injusticia. Y especialmente, el fanatismo, la intolerancia que deriva en violencia. En palabras del propio escritor: Fueran revolucionarios venezolanos o conservadores armados, la ideología no hace al agresor, el hecho de agredir lo define.
Más emocional que su predecesora, más incómoda y quizá también más valiente, (In)esperado plantea una pregunta inquietante: ¿qué precio estamos dispuestos a pagar por el éxito, por la verdad o por mantenernos fieles a quienes somos? (Inma Muñoz, 26 de febrero de 2026)
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