A los catorce años, Elizabeth Cuttner no se hace ilusiones sobre el mundo ni sobre sí misma. Su mirada capta con precisión los detalles truculentos y las miserias más íntimas de sus allegados, lo que resulta ser una condena inapelable. Tras la muerte de sus padres, a la que tal vez ella no fuera del todo ajena, la familia paterna la acoge en su vieja mansión de Manhattan, rodeada de oscuros muelles, cobertizos abandonados y símbolos que se transfiguran en vestigios góticos reticentes al avance de los rascacielos. Ahí, en una atmósfera impregnada de erotismo, relaciones turbias y una inquietante violencia, esta descendiente de una generación de brujas se adentra poco a poco en el arte de lo sobrenatural gracias a las apariciones de Frances. Provista de un pequeño pero eficaz arsenal de espejos, gatos, sapos, serpientes y hechizos, un ambiguo encanto y una sabiduría ancestral, Elizabeth utilizará sin piedad sus poderes para avanzar a sangre fría hacia una afirmación de sí misma de la que nada ni nadie podrán escapar.