Resumen

Pueden estar tranquilos los lectores de estos libros, y desde luego mucho más aún los que no los han leído nunca, pero gustan hablar de ellos como si lo hubieran hecho: ni acabarán devorando a su autor ni este se ha vuelto loco. A todo lo más que ha llegado él es a lo que el griego llamó, con suma delicadeza, la manía, una forma de “entusiasmo”. Algunas almas caritativas, reclutadas principalmente entre aquellos que no los han leído, le han mostrado alguna vez su sincera preocupación: han temido acaso que, como les ha sucedido tantas veces a otros, sólo viviera en función de su diario, dejando de vivir para escribirlo o viviendo únicamente aquello que pudiera ser escrito. Sosiego, señores consejeros, no hay peligro. Ni esto es un diario ni su autor tan desenvuelto como para pensar que su vida tenga el menor interés para la crónica, sin contar con que la vida se aviene malamente con la literatura, de no ser esta también única, original y renovada a cada instante. Así viene ocurriendo desde hace quince entregas, casi veinte años y miles de páginas por las que han discurrido centenares de personajes, reales o ficticios, pero siempre verdaderos. Ellos, entre los que no sabe el propio autor cómo ha caído él, son los encargados de convertir todo esto en algo más que un libro.