En Quelibroleo estamos leyendo ‘El Prisionero del Cielo’ de Carlos Ruíz Zafón

Barcelona, 1957. Daniel Sempere y su amigo Fermín, los héroes de La Sombra del Viento, regresan de nuevo a la aventura para afrontar el mayor desafío de sus vidas. Justo cuando todo empezaba a sonreírles, un inquietante personaje visita la librería de Sempere y amenaza con desvelar un terrible secreto que lleva enterrado dos décadas en la oscura memoria de la ciudad. Al conocer la verdad, Daniel comprenderá que su destino le arrastra inexorablemente a enfrentarse con la mayor de las sombras: la que está creciendo en su interior.

Si queréis ver nuestra opinión, seguir leyendo:

Cuando el lector tiene en sus manos una nueva entrega de la tetralogía “El cementerio de los libros olvidados” le asaltan las dudas sobre si le gustará tanto como “La sombra del viento” o por el contrario se llevará la misma decepción que le supuso “El juego del Ángel”.

“El Prisionero del cielo” se queda a medio camino entre las dos, pues si bien la trama y los personajes tienen muchas más similitudes con la primera entrega, es inferior en cuanto al uso del lenguaje y a la forma de narrar empleada en la segunda. Conviene aclarar que para quien escribe esta crítica, la primera mitad de “El Juego del Ángel” es de un talento narrativo impresionante, sus detractores (con los que Zafón se desquita a través del personaje de Mauricio Valls) insisten en que no se trata de gran literatura, y quizá tengan razón, pero la forma de contar cosas y cómo el autor consigue que el lector conecte y se vea inmerso entre las líneas del libro, es sensacional.

En el Prisionero recuperamos a Daniel y a Fermín, recuperamos las historias que nos contaron nuestros padres y abuelos, las fotografías en blanco y negro de una España deprimida por la postguerra. Recuperamos también el compañerismo, la amistad, las mentiras piadosas, la sencillez de la gente de la época (años 40 y 50) en una Barcelona que intenta recuperar la normalidad, de pasar página olvidando, pero sin terminar de olvidar el pasado.

En este tercera entrega, por fin comienzan a encajar las piezas de este laberinto Zafoniano, cuya trama se desvelará previsiblemente en 2013 cuando llegue a las librerías el cuarto y ultimo libro. Sigue habiendo malos, malísimos y buenos demasiado tiernos e inocentes, y quizá poco creíbles, en una novela en la que el autor no niega su formación como lector y se inspira claramente en los libros clásicos de Alejandro Dumas y Charles Dickens.

Nos encontramos con una novela muy corta, la más corta de las tres, una vez terminada su lectura (en apenas 3 tardes) nos quedamos con ganas de más, quizá porque hay que anotarla en el debe que tiene los mismos defectos de “El juego del Ángel” y deja la sensación de obra inacabada e incompleta, con demasiados cabos sueltos. Pero no hay que restar mérito al autor y conviene reconocer también, que estamos ante un libro que se lee tan rápido y fácil que deja con ganas de leer mucho más y desvelar totalmente su intriga, sin esperas.

Lo peor:
Novela excesivamente corta, da la sensación de que junto con la futura cuarta entrega conformará un libro con las mismas páginas que cada uno de sus antecesores. (Quizá la tetralogía debería haber sido trilogía).
Deja demasiados cabos sueltos y abre nuevas incógnitas, lo que acentúa la sensación de que se trata de una obra inacabada.

Lo mejor:
Recuperar el Cementerio de los libros olvidados, los retratos de una Barcelona en blanco y negro, de sus barrios, de sus bares y de sus gentes.
La segunda parte, inspirada en el Conde de Montecristo, se “devora”.
Nuevamente el personaje de Fermín Romero de Torres, su forma de hablar, su vida, su historia…

Si es usted uno de los afortunados que no conocen la tetralogía, está de suerte: ya falta menos para que la historia se complete, y puede comenzar a disfrutarla sin descanso y avanzar más que los que hemos tenido la “mala suerte” de leerla por entregas.

Si ya conoce la saga, no debe dejar de leer “El Prisionero del Cielo”. Comienzan a desvelarse algunos secretos y enlaza de forma convincente las historias de todos sus personajes. Quizá incluso le convenga recuperar las dos anteriores y, o bien elegir el orden que ha impuesto el autor, o bien seguir un orden cronológico: El juego, La sombra y El Prisionero.

Muy recomendable.
Nota: 7 

José L. Ramírez C.
Quelibroleo.com

2 opiniones en “En Quelibroleo estamos leyendo ‘El Prisionero del Cielo’ de Carlos Ruíz Zafón”

  1. Yo soy de los afortunados, porque no he leído nada de Carlos Ruíz Zafón. He de decir que anteriormente no me ha parecido tan interesante, pero poco a poco, conforme he empezado a descubrir la literatura en mi idioma, me he sumergido cada vez más en autores latinoamericanos y españoles. Me parece harto interesante la tetralogía de Carlos Ruíz Zafón y aprovecharé éstas navidades para regalarme o pedir que me regalen el inicio de la saga, y tal vez la segunda parte de una buena vez, junto con algo de literatura mexicana, porque soy de allá. Así que, emocionado por leer a este señor que parece folletinesco y que tantos comentarios buenos ha dado.

  2. Me encanta el autor, me encanta como hace que las páginas de los libros pasen sin darnos cuenta, pero debo decir que en esta ocasión, las páginas de “El Prisionero del Cielo” han pasado sin pena ni gloria. Podría pasarme leyendo páginas de Zafón durante días sin cansarme, pero cuando acabas el libro, te quedas con la sensación de que le faltan unas 300 páginas más de intriga y de mantenernos con el corazón en un puño.
    “La sombra del viento” se me antojo una novela en la que el personaje principal leía la historia de otro y no la suya propia, “El Juego del Ángel” lo vi poco creíble y “El Prisionero del Cielo” parece simplemente una introducción, un relato para aclarar ciertos enigmas y prepararnos el terreno para lo que espero que sea un gran final.
    Sin duda la mejor novela de Zafón, aunque se trate de una novela juvenil, es “Marina”, novela a la cual se hace referencia mediante Fermín Romero de Torres en “El Prisionero del Cielo”, detalle que me encanto y me hizo disfrutar como una niña que por fin encontró algo que llevaba mucho tiempo buscando.

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