Lope, Calderón y Cervantes, genios universales que no pueden descansar en paz

En vísperas del Día de Todos los Santos, España debería encender una vela en memoria de Diego de Velázquez, Miguel de Cervantes, Lope de Vega y Calderón de la Barca, grandes genios de la cultura universal, cuyos restos permanecen en paradero desconocido cuatro siglos después de su fallecimiento.

Nacido en 1547 en Madrid, Miguel de Cervantes fue soldado, poeta, dramaturgo y novelista, y autor de la que se considera la obra cumbre de la literatura española: «El ingenioso hidalgo don Quijote de la Macha«, probablemente el libro más editado a nivel mundial.

Murió en su casa de Madrid el 22 de abril de 1616 y fue enterrado al día siguiente en el convento de las monjas Trinitarias Descalzas de San Ildefonso, donde se cree que reposan sus huesos, según recuerda una placa conmemorativa en la fachada. Sin embargo, las sucesivas reformas que se llevaron a cabo en el templo, obligaron a mover su tumba y sus restos se perdieron.

El historiador Fernando Prado lidera ahora un proyecto de investigación para encontrar su cuerpo y depositarlo en un lugar reservado dentro de la iglesia, bajo una inscripción que recuerde «al español más universal de toda la historia», según explica en una entrevista con Efe.

El proyecto, que cuenta con el aval del Arzobispado de Madrid, de la Real Academia y del Ministerio de Defensa, podría comenzar en 2012 y duraría sólo dos meses.

Coetáneo y enemigo de Cervantes, Lope de Vega fue uno de los grandes genios de la literatura del siglo XVII, con obras como «Fuenteovejuna», «Peribáñez y el comendador de Ocaña» o «El castigo sin venganza».

Nació en 1562 en una familia humilde, que no pudo proporcionarle un entierro digno por falta de dinero.

Tras su muerte en 1635, a los 73 años, fue enterrado en la iglesia de San Sebastián de Madrid a petición de su amigo el duque de Sessa, quien se responsabilizó de los gastos iniciales.

Años después, debido a que ninguno de los descendientes pudo hacerse cargo de la cantidad que debían pagar por el nicho, el dramaturgo fue arrojado a la fosa común de la parroquia.

La vida de Pedro Calderón de la Barca (1600-1681) tampoco fue fácil. Su madre murió cuando él tenía 10 años, y cinco años después murió su padre.

Conocido por obras como «El alcalde de Zalamea» o «La vida es sueño», fue ordenado sacerdote en 1651 y tres décadas después fallece en Madrid de un ataque al corazón. Su cuerpo fue depositado en la madrileña iglesia del Salvador. Sin embargo, no descansaría en ella eternamente.

En el siglo XIX, sus restos son trasladados a un panteón de hombres ilustres en la capital y poco después vuelven a ser trasladados, esta vez a la iglesia de un convento, donde permanecen hasta que es asaltada en 1936.

Algunos expertos aseguran que en los saqueos desaparecieron los restos del literato. Otros piensan que aún reposa en algún lugar secreto dentro del templo.

Nacido en 1599, Diego de Velázquez es el pintor responsable de joyas universales como «Las Meninas», «La rendición de Breda» o «Las hilanderas», también conocida como «La fábula de Aracné».

Desde su muerte en 1660, estudiosos e investigadores se han esforzado en encontrar sus restos, enterrados en un primer momento en la cripta de la iglesia de San Juan de Madrid.

El convento fue derribado en el siglo XIX durante la ocupación francesa, y en su lugar se construyó la actual plaza de Ramales. En 1998, un grupo de expertos decidió poner en marcha las obras necesarias para levantar el suelo de la plaza y descubrir si su cuerpo se encontraba en el lugar, pero nunca apareció.

Estos españoles ilustres, admirados en todo el mundo, siguen sin descansar en paz más de cuatro siglos después de morir.

Madrid, 31 oct (Laura Serrano-Conde / EFE) 

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