Resumen

Érase una vez, en una tierra junto al mar, una bellísima mujer llamada Maruzza Musumeci. Se decían muchas cosas de Maruzza, rumores a voces que quizás explicasen por qué a pesar de su belleza no había encontrado aún con quién casarse. Maruzza hablaba en griego con su abuela; no era una muchacha como las demás; parecía el personaje de una fábula; transmitía con sus ojos y su voz la perturbadora sabiduría que traen y llevan los siglos. Maruzza era una sirena. Pero la historia comienza en realidad con Gnazio, que emigró a América y volvió a Vigàta tras veinticinco años de ausencia. En Nueva York trabajó como jardinero y, tras una caída desgraciada, decidió regresar a su Sicilia natal y comprar un trozo de tierra con un olivo milenario del que se había enamorado. Sólo le faltaba una mujer. Maruzza y Gnazio, la tierra y el mar, no vivieron una historia de amor imposible... como tantas otras. Primero fue la boda, después la familia y, año tras año, el milagro de conjurar lo que parecía contrario, para tantos irreconciliable. Andrea Camilleri, el aclamado creador del comisario Montalbano, abandona el género negro para crear una obra que une magia y realidad y que rescata el mito de Ulises y el cuento de Andersen.

2 críticas de los lectores

6

Preciosa fábula que en algún momento recuerda al realismo mágico de"Cien años de soledad", bajo el mismo escenario de la Sicilia de Montalbano, pero esta vez con gran dosis de sensibilidad y con la ironía típica italiana. Recomendable.

hace 5 años
6

Aquí Camilleri no tiene nada que ver con el de Montalbano. Tampoco se trata de una novela a la usanza, más bien de una parábola o de esas historias que se transmiten localmente de generación en generación. La primera parte, realista y nada fantasiosa, me ha cautivado. Con la segunda parte ha sido necesario hacer un acto de fe y darme cuenta de que estaba leyendo algo distinto y que debía retomar la fe en los cuentos de hadas. Unos personajes maravillosos. Una narración bella, cargada de sentido y mensaje, metafórica, deliciosa. Me encanta este Camilleri tierno e irónico a la vez.

hace 8 años